Olite, Batzán 2026 (y 15)

Al reservar el aparcamiento de la cascada de Xorroxin también habíamos reservado la plaza del aparcamiento de Amaiur, aunque la afluencia de personas a esa hora del día era relativamente baja. El calor apretaba y nos habíamos cambiado de ropa al finalizar la ruta de senderismo. Sabíamos que en la parte alta de Amaiur se encuentran las ruinas del antiguo castillo y el monolito que se levantó sobre los cimientos para homenajear a los que lo defendieron ante la llegada de las tropas castellanas. Pero optamos por recorrer las calles del pueblo.

Antes de llegar al arco de entrada a Amaiur, fuera queda la iglesia de la Asunción, y el molino de Amaiur, que lleva produciendo harina de maíz desde el siglo XVIII y aún sigue en funcionamiento y vendiendo esa harina.

En el molino aprovechamos para hidratarnos, aunque no probamos los talos, un plato típico del Valle de Baztán, que está formado por unas tortillas de maíz y que suelen rellenar con diferentes ingredientes.

Volvimos a Elizondo para realizar algunas compras que habían quedado pendientes. Habíamos decidido comer ese día en el hotel, para aprovechar sus instalaciones, antes de disfrutar de un relajante circuito termal en las aguas del balneario, que nos ofreció un rato de bienestar absoluto.

El balneario es ampliamente reconocido por albergar el manantial de aguas mineromedicinales con la mayor concentración de sal y minerales de Europa, lo que nos permitió experimentar un efecto de flotación extrema similar al que habíamos ya vivido en las aguas del Mar Muerto.

Las instalaciones de hidroterapia aprovechan sus singulares aguas termales y saladas para tratamientos terapéuticos y de relajación. El circuito termal estándar que realizamos incluye su piscina central (equipada con cascadas, cuellos de cisne, chorros de masaje lumbar y nado contracorriente); flotariums (dos piscinas de flotabilidad elevada, una de diseño romano y otra de ambiente íntimo pensada para simular la observación del universo); zonas de calor (sauna seca, sauna húmeda -hammam- y una sala de nebulización); y un área de relax con camas y hamacas calefactables con vistas panorámicas hacia el paisaje natural del valle.

Al caer la tarde paseamos por las inmediaciones, respirando el silencio del entorno y dejando que el día se deslizara sin prisa. Al regresar a la habitación, comenzamos a preparar el equipaje, ese gesto que siempre anuncia el final. Comentamos los mejores momentos, guardamos recuerdos y sentimos esa mezcla de satisfacción y nostalgia que acompaña los viajes bien hechos.

Al día siguiente emprendimos el regreso a Alcantarilla, con un par de paradas breves para repostar y comer. La carretera nos devolvió poco a poco a la rutina, pero Navarra se quedó con nosotros: en las imágenes, en los sonidos, en los silencios, en los detalles que hacen que un viaje no sea solo un desplazamiento, sino una experiencia que permanece.

Publicado en 2026, Cronología, Olite, Batzán, Viajes, Viajes por España | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Olite, Batzán 2026 (14). Cascada de Xoxorrin

El quinto día amaneció más tranquilo, con ese ritmo de final de viaje que invita a disfrutar sin prisa. Nos desplazamos a Erratzu para realizar la ruta hacia la cascada de Xorroxin, un sendero que se adentra en un bosque húmedo lleno de helechos y troncos cubiertos de musgo. El sonido del agua nos acompañó hasta llegar a la cascada, donde nos quedamos un buen rato observando cómo la luz jugaba con las gotas.

El Valle del Baztán es un lugar cargado de leyendas, con un fabuloso desfile de pueblos llenos de encanto y, cómo no, una naturaleza apabullante. Y para muestra, un botón en forma de cascada, la ruta a la cascada de Xorroxin, un rincón natural muy popular de Navarra que ha convertido al pueblo navarro de Erratzu en uno de los más visitados por los turistas que se acercan.

Habíamos realizado con antelación la reserva online, gratuita, de una de las plazas de aparcamiento del parking habilitado en Erratzu. Una vez calzadas las botas nos pusimos a recorrer esta ruta circular de unos ocho kilómetros que nos llevó unas dos horas en ser completada.

La ruta comienza en el aparcamiento y empieza recorriendo las calles del pueblo, que abandonamos por el norte aun sabiendo que la ruta es en dirección sur. Parece que el trasiego de gente era excesivo en un pueblo tan tranquilo. Por este motivo, nada más empezar encuentras un bonito puente de piedra que da paso a campos llenos de ovejas, vacas, caballos y burros.

Unos metros más adelante te adentras en el denso bosque pirenáico. Árboles y campas por el maravilloso escenario que dibuja uno de los últimos bosques atlánticos que han llegado hasta nuestros días y que tanta belleza salvaje nos regala.

Vamos avanzando por este vergel navarro mientras remontamos el cauce del río Iñarbegi. Llegamos a un cruce de caminos donde seguiremos las indicaciones del cartel con dirección cascada de Xorroxin.

La ruta está perfectamente señalizada y discurre casi todo el trayecto por caminos de pastores y ganado hasta su tramo final, convertido en un sendero hasta llegar a la cascada, este salto de agua del arroyo Iñarbegi, uno de los afluentes del Bidasoa.

Vamos alternando tramos de asfalto, empedrados, caminos de tierra y senderos. El paseo es casi todo el rato a la sombra de hayas y castaños.

El tramo final sí que discurre por un sendero hasta llegar a la cascada. Una primera caída de agua nos saluda como preludio de lo que nos espera.

Unos pasos más adelante, poco después de atravesar un puente de madera, llegamos a nuestro destino de hoy. La cascada de Xorroxin hace su aparición.

Espléndida ella y protagonizando una escena de postal idílica a los pies del Monta Autza.

Estuvimos el tiempo necesario para disfrutar del entorno y hacer las fotos de rigor antes de iniciar el camino de vuelta. Para completar la ruta seguimos las indicaciones, y si la ida la empezamos por el norte de Erratzu, en lugar de deshacer el camino volvimos por la ruta recomendada, llegando al pueblo por el sur.

Cuando ya parecía que volveríamos a casa sin realizar algunas compras, encontramos en Erratzu un pequeño comercio donde hacerlas antes de regresar al aparcamiento y dar por finalizada la jornada de senderismo prevista para el día.

Publicado en 2026, Cronología, Olite, Batzán, Senderismo, Viajes, Viajes por España | Etiquetado , | Deja un comentario

Olite, Batzán 2026 (13)

Aunque en principio habíamos descartado contemplar la Cueva de Zugarramurdi, haber dejado completamente visto Elizondo por la mañana nos permitió planificar la visita. Habíamos leído que ara ir en coche desde Elgorriaga hasta Zugarramurdi pasando por Francia, el tiempo de viaje aproximado era de una hora para recorrer los cerca de cincuenta kilómetros que separan ambas localidades. Y nos confiamos. Nos alejamos tranquilamente en el hotel, nos tomamos en la cafetería un agua con gas,… Total, había tiempo de sobra. O eso pensábamos…

La realidad es que llegamos con el tiempo justo a Zugarramurdi. El camino que habíamos elegido resultó ser idílico, paisajísticamente hablando, pero tortuoso y obligado recorrerlo a no muy elevada velocidad. Transitamos por los puertos de montaña fronterizos, cruzamos a Francia (País Vasco francés), atravesamos la carretera D-20 en territorio francés, pasamos por preciosos pueblos fronterizos franceses como Ainhoa o Sare, cruzamos de nuevo la frontera por la carretera comarcal NA-4402 y, finalmente, un cuarto de hora antes de las seis de la tarde, el último acceso a la cueva, llegamos a nuestro destino.

Las cuevas de Zugarramurdi son mucho más que un simple sitio natural. Famosas por su historia vinculada a la brujería y las leyendas locales, estas cuevas atraen cada año a numerosos visitantes curiosos por descubrir un lugar lleno de misterio. Entre una impresionante geología y relatos fantásticos, Zugarramurdi es un destino imprescindible para los amantes de la naturaleza y aquellos que desean sumergirse en las tradiciones vascas.

Las cuevas de Zugarramurdi están íntimamente ligadas a la trágica historia de la brujería en el País Vasco. En el siglo XVII, el pueblo de Zugarramurdi fue escenario de uno de los juicios por brujería más famosos de España. Acusados de participar en aquelarres dentro de las cuevas, varios habitantes fueron juzgados por la Inquisición española en 1610. De los cuarenta acusados, doce fueron condenados a la hoguera, alimentando así la reputación oscura y mística de este lugar.

Estas cuevas eran consideradas un lugar de reunión para rituales paganos, donde las brujas celebraban ceremonias en honor a fuerzas ocultas. Hoy en día, este sitio se ha convertido en un símbolo de la historia local y de la represión de la brujería.

La cueva es el resultado de millones de años de erosión y fenómenos geológicos naturales. Esculpidas por la acción del río Orabidea, que aún atraviesa la cueva principal, estas cavidades se formaron en capas de caliza, creando un paisaje subterráneo espectacular. A diferencia de otras cuevas adornadas con estalactitas y estalagmitas, Zugarramurdi es una cueva abierta, iluminada por luz natural, lo que le otorga una atmósfera particular y facilita su exploración.

La cueva principal mide más de ciento veinte metros de largo y alcanza hasta doce metros de altura en algunos puntos, ofreciendo un vasto espacio para eventos o simplemente para apreciar su grandeza natural. Las paredes rocosas, moldeadas por la erosión, revelan estratos de caliza y formaciones impresionantes, que son testimonio de la historia geológica del lugar.

Además de la cueva principal, varias pequeñas cavidades adyacentes añaden interés al sitio, invitando a los visitantes a descubrir los secretos geológicos del subsuelo vasco. El conjunto se completa con dos galerías más altas, de orientación similar a la galería principal, que se abren a la misma.

Las cuevas de Zugarramurdi han estado rodeadas de leyendas y misterios durante siglos. Según las creencias locales, estas cavernas eran el lugar de reunión de las brujas del País Vasco, donde practicaban aquelarres y rituales paganos en honor a fuerzas ocultas.

Durante las noches de luna llena, estas mujeres, conocidas como “sorginak” en euskera, se reunían para celebrar ceremonias místicas, invocar espíritus y practicar magia. Estas creencias han perdurado, especialmente a través de relatos populares que describen festividades nocturnas con danzas, cantos y sacrificios.

La cueva está particularmente asociada a las celebraciones de San Juan, una fiesta pagana marcada por rituales de purificación. Según la leyenda, estas prácticas llamaron la atención de la Inquisición, desencadenando los famosos juicios por brujería de 1610. Los testimonios de la época, que describen reuniones aterradoras, contribuyeron a forjar la siniestra reputación del lugar.

La visita a las cuevas de Zugarramurdi es una experiencia única que permite sumergirse tanto en la naturaleza como en la historia mística del País Vasco. El recorrido es libre, lo que permite explorar este lugar impresionante a tu propio ritmo. Paneles explicativos se dispuestos a lo largo del sitio, ofreciendo una mejor comprensión de la geología de las cuevas, así como su vínculo con las leyendas locales y los famosos juicios por brujería.

El acceso principal lleva a la cueva principal, amplia e iluminada por luz natural, donde el río Orabidea sigue moldeando su curso. Siguiendo los senderos señalizados, descubrimos varias cavidades secundarias y miradores sobre las formaciones rocosas circundantes. El paseo transcurre en un entorno natural preservado, rodeado de vegetación.

Al salir, regresamos a Elgorriaga pasando esta vez por Elizondo, donde cenamos antes de volver al hotel, ya de noche, con la sensación de haber vivido un día lleno de paisajes, historias y magia.

Publicado en 2026, Cronología, Olite, Batzán, Viajes, Viajes por España | Etiquetado | Deja un comentario

Olite, Batzán 2026 (12)

Pasear por las calles de Elizondo es como recorrer un libro abierto de historia y tradición. El núcleo urbano conserva rincones que aún respiran nobleza, memoria y vida cotidiana. Cada piedra, cada escudo tallado y cada balcón de madera guarda un pedazo de la identidad del Valle de Baztán.

La calle Jaime Urrutia, conocida antiguamente como la “calle de abajo”, fue el germen de la villa. Aquí se levantaron las primeras casas señoriales, muchas de ellas decoradas con impresionantes escudos nobiliarios que recuerdan la hidalguía concedida a los elizondarras en 1397. Caminar por esta calle es detenerse en portales monumentales y fachadas que parecen transportar a otra época.

Aquí se encuentra el Palacio de Arizkunenea. En 1730, un noble baztanés llamado Miguel de Arizcun construyó un palacio junto al río Baztan. De fachada señorial en estilo barroco, no falta el escudo heráldico que da fe de la importancia de esta familia en el valle. Hizo las veces de residencia real en alguna ocasión y hoy es un edificio de titularidad municipal, ya que entre sus muros alberga la Casa de la Cultura, con exposiciones de pintura y fotografía de artistas locales.

Elizondo es tierra de palacios. Además del Palacio Arizkunenea, otros como el de Istekonea o Casa del Virrey, el de Beramundea o el de Datue en las afueras (casonas construidas entre los siglos XVI y XVIII) reflejan la prosperidad del valle y el poder de sus familias más influyentes.

Impresiona la capacidad de combinar la grandeza de los palacios con la sencillez de las casas populares. Balcones llenos de flores, soportales que dan sombra en verano y rincones escondidos donde parece haberse detenido el tiempo. Es esta mezcla la que hace que perderse por las calles sea una de las mejores experiencias de vivir en el pueblo.

Elizondo no se entiende sin el río Baztán (o Bidasoa en su curso medio), que atraviesa el pueblo y le da un carácter único. Caminar por sus orillas es descubrir rincones llenos de encanto: casas tradicionales de piedra con balcones de madera que parecen flotar sobre el agua, reflejos que cambian con la luz del día y el murmullo constante del río acompañando cada paso.

Uno de los lugares más fotografiados y queridos por locales y visitantes es el Puente de Txokoto, también conocido como Puente de Muniartea o Antxitonea. Su arco de piedra, el salto de agua de la presa y las fachadas rojizas que se alinean sobre el cauce forman la imagen más icónica de Elizondo.

Te hipnotiza la primera vez que lo cruzas por la fuerza del agua y el contraste con la calma del pueblo. No es casualidad que este rincón se haya convertido en la portada de tantas postales y hasta en escenario literario en la Trilogía del Baztán.

Además del propio puente, hay varios puntos que regalan vistas espectaculares. Desde la calle Braulio Iriarte se puede acceder a un pequeño sendero que baja hasta la ribera, donde se escuchan mejor los sonidos del río y se siente la frescura de la vegetación. Desde la calle Jaime Urrutia, en dirección contraria, también hay accesos que permiten contemplar la postal clásica con las torres de la iglesia de Santiago asomando por encima de las casonas.

El río no solo embellece el paisaje: durante siglos fue motor económico. Aquí funcionaron molinos y pequeñas centrales hidroeléctricas, y todavía se conservan restos que nos recuerdan cómo el agua movía la vida del valle. De hecho, la presa de Txokoto tiene su origen en el siglo XIV. La primera mención documental habla del molino que dio lugar a esta infraestructura en el año 1397. Varios siglos después, ya en 1890, la presa fue adaptada para albergar una central hidroeléctrica, siendo pionera en Navarra y España.

Por el otro lado del río, la calle Braulio Iriarte, antigua “calle del Sol” o Eguzkialde, se extiende a orillas del río y regala unas de las mejores vistas de las casas reflejadas en el agua. Aquí se puede contemplar cómo lo urbano y lo natural se entrelazan en una postal inolvidable.

En el número 38 de esta calle se halla “la casa de la tía Engrasi”, otra de las localizaciones de la trilogía del Baztán. Su arquitectura es la típica de la zona, con su arco a la entrada, sus bancos de piedra y su balcón decorado con geranios.

Justo enfrente de la casa se encuentra la escultura Maternidad, de Jorge Oteiza. La pieza refleja la etapa y la visión artística del célebre escultor vasco, siendo un punto de referencia cultural y de homenaje para los vecinos de la localidad.

Nos dirigimos a la Iglesia de Santiago, construida entre 1916 y 1925 tras la trágica riada de 1913 que destruyó la antigua iglesia. Su fachada de piedra rojiza y sus dos torres gemelas dominan el paisaje urbano, aunque solo una de ellas conserva la estructura original, con el reloj bajo el campanario.

Su interior sorprende por la amplitud y la sobriedad, y guarda detalles únicos como la barandilla del coro, tallada de una sola pieza de madera, lo que muestra la grandeza del árbol del que procedía. Además, en su interior se venera al Sagrado Corazón que apareció flotando intacto tras las inundaciones, objeto de especial devoción para los elizondarras.

Muy cerca de la iglesia se encuentra el obrador de Mantecadas Salazar, o lo que en realidad es la Panificadora Baztanesa, que lleva más de cincuenta años en funcionamiento. El obrador es escenario de las películas de la trilogía y aún conserva el rótulo de “Mantecadas Salazar” en su fachada, un gran reclamo publicitario.

Tras el éxito de la trilogía, el obrador ha empezado a comercializar txantxigorris. Tienen venta directa y además de estos dulces puedes adquirir mantecadas, bizcochos, bollos, magdalenas y distintos tipos de pan.

De vuelta al centro encontramos la chocolatería Malkorra Gozotegia, donde también podemos encontrar el dulce preferido de Amaia Salazar, la torta de Txantxigorri. Esta torta, protagonista en “El Guardián Invisible” por aparecer en el escenario del crimen, había quedado un poco en el olvido de la gastronomía navarra hasta que Dolores Redondo la puso de moda. En la chocolatería se puede comprar por unidades estas tortas hechas a base de manteca de cerdo, masa de pan, azúcar y canela. Como anécdota, nosotros encontramos a Paloma San Basilio, que días más tarde tenía previsto actuar en Alcantarilla.

Seguimos paseando por el centro, aprovechando para realizar algunas compras, antes de comer. Al finalizar la comida cogimos el coche para desplazarnos a Elgorriaga y realizar el check in en el hotel balneario que se encuentra en dicha localidad, que nos ofreció un entorno tranquilo y acogedor.

Publicado en 2026, Cronología, Olite, Batzán, Viajes, Viajes por España | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Olite, Batzán 2026 (11)

El cuarto día abandonamos Olite y pusimos rumbo al Valle del Baztán, que nos recibió con su verde intenso y su atmósfera tranquila. Ubicado al norte de Navarra, en el arranque por el oeste de la cordillera Pirenaica, el Valle de Baztan es comúnmente apreciado por su idílico paisaje, su verde manto salpicado de pueblos y caseríos, la suavidad de su clima, la gastronomía, y su secular importancia como enclave histórico y cultural.

Cuna del milenario euskara, tierra de artesanos, agotes, indianos, palacios señoriales, hidalgos, aventureros y contrabandistas, la llamada Suiza navarra alberga tesoros naturales como extensos hayedos, crestas escarpadas, intrincados barrancos, regatas cristalinas, estaciones prehistóricas y rincones deliciosos como los apartados vallecillos de Aritzakun y Urritzate, indiferentes al discurrir del tiempo bajo la sombra del centinela Alkaxuri, esbelta pirámide que alguien bautizó como la más bella cumbre de Euskal Herria.

El Valle ha sido, y lo sigue siendo a pesar de la deforestación sufrida a lo largo del tiempo, sinónimo de bosques y amplios espacios vírgenes, teniendo en el vecino Parque Natural de Bertiz un claro ejemplo. Es, tras la impresionante Selva de Irati, la mayor y mejor conservada mancha forestal de Navarra, y aún de la península entera.

Nuestra primera parada en el valle fue el lugar de Ziga, que integra, junto con los de Aniz, Berroeta y Almandoz el “cuartel” histórico-administrativo de Basaburua.

Lo primero que llama la atención en Ziga es el impresionante edificio parroquial de San Lorenzo, construido en alto, en situación preeminente como presidiendo el Valle. Por su magneficiencia es conocida como la “catedral de Baztan”.

Esta iglesia con planta de cruz latina realizada en piedra sillar sorprende por la severidad de sus líneas de estilo herreriano. Su fecha de construcción, 1593 y 1603, revela una pronta recepción de las modalidades escurialenses, asimiladas y aplicadas a una iglesia rural con evidente acierto.

De vuelta al coche, a pocos metros encontramos el Mirador de Ziga, o Mirador de Baztan, una balconada apuntando al gran vacío desde la que se pueden ver hacia el oeste los montes Legate y Alkurruntz, al noreste las cimas de Gorramendi, Otanarte y Gorramakil, y hacia el este Auza al fondo y el monte Ezkaldo en un primer plano más cercano.

En la depresión, o en el centro del valle, se ven los pueblos de Irurita, Lekaroz, Gartzain, Elizondo y Elbetey los barrios de Zigaurre (Ziga) y de Etxarri y Aitzano (Gartzain).

Pero más que los pueblos en sí, destaca el paisaje natural, con sus numerosos caseríos y bordas de ganado dispersas por las laderas y los montes, espacio de cultivos y prados, así como bosques de hayas, robles, helechales y avellanos. En las orillas de los ríos, los chopos, alisos, sauces y fresnos son perfectamente visibles.

Antes de las diez y media de la mañana habíamos llegado a Elizondo, el alma del Valle de Baztán, un lugar donde la historia, las tradiciones y la vida cotidiana se entrelazan entre montañas verdes y el murmullo constante del río Baztán (o Bidasoa). Esta localidad, con algo más de tres mil quinientos habitantes, es la capital administrativa, cultural y comercial del valle, y también el centro de encuentro de los baztaneses en ferias, mercados y fiestas que llenan de vida sus calles.

Aunque es el más urbano de los pueblos del Baztán, Elizondo conserva el espíritu de sus barrios tradicionales, donde aún se siente la esencia de la vida rural. Al mismo tiempo, es un centro moderno con comercios, bancos, bares y restaurantes que lo convierten en el verdadero motor de la comarca. Y si algo lo ha puesto en el mapa a nivel internacional, ha sido la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo, que lo convirtió en escenario literario y en destino de miles de viajeros que llegan cada año buscando las calles y rincones descritos en las novelas.

Hablar de la historia de Elizondo es hablar de hidalguía, palacios y de un pueblo que siempre tuvo un papel protagonista en el Valle de Baztán. Ya en 1397, el rey Carlos III de Navarra reconoció a los vecinos su hidalguía, y desde entonces las casonas y palacios blasonados se convirtieron en símbolo de prestigio. Pasear por la calle Jaime Urrutia, con sus fachadas adornadas con escudos de piedra, es revivir aquella época en la que Elizondo marcaba la vida política y social del valle. El Herriko Etxea (casa del pueblo) fue siempre el lugar de reunión de los vecinos en los batzarres, esas asambleas donde se discutían cuestiones clave para la vida comunitaria. Sin embargo, su historia estuvo marcada por el fuego: fue incendiada hasta tres veces (1794, 1835 y 1876) y siempre reconstruida, reflejo de la resiliencia de este pueblo. Hoy sigue siendo símbolo de la unión entre los baztaneses.

En el siglo XIX, con la construcción del Camino Real y la apertura de la calle Santiago, Elizondo entró en una nueva etapa de desarrollo. Curiosamente, las familias nobles construyeron sus casas dándoles la espalda a esta nueva vía, como gesto de rechazo a la modernidad. Pero pronto, el comercio, el contacto con Francia y el regreso de los indianos enriquecieron al pueblo, que vivió un auge económico sin precedentes. Más tarde, llegó el ferrocarril del Bidasoa (1916), conectando Elizondo con Irún y Doneztebe, y consolidándolo como centro comercial del valle.

Uno de los episodios más trágicos de la historia de Elizondo fue la gran inundación del 2 de junio de 1913, que arrasó gran parte del valle.

Entre el barro y la destrucción, ocurrió algo que marcó a los elizondarras: la imagen del Sagrado Corazón de la antigua iglesia apareció flotando en las aguas, intacta. Desde entonces se convirtió en objeto de devoción y símbolo de esperanza para todo el pueblo.

A pesar de ser un pequeño núcleo, Elizondo destacó por su innovación. Fue el primer pueblo de Navarra en tener alumbrado público propio, gracias a la colecta vecinal y al trabajo comunitario (auzolan). Este espíritu de colaboración y progreso define a Elizondo hasta hoy, convirtiéndolo en una villa que combina tradición y modernidad como pocas.

Dejamos reservada la comida para el mediodía y aprovechamos para comprar algunos productos típicos en el mercadillo semanal antes de comenzar a pasear por sus calles. Elizondo te conquista desde el primer momento con su aire señorial y a la vez cercano. Sus casas palaciegas con escudos de piedra, sus soportales donde todavía resuena la historia de antiguos mercados, y sus calles empedradas invitan a detenerse, observar y dejarse llevar por la calma que caracteriza a los pueblos navarros.

En pleno centro se abre la Plaza de los Fueros, presidida por el imponente Ayuntamiento barroco del siglo XVII, que además es la sede de la Junta General del Valle de Baztán. Este espacio ha sido siempre punto de encuentro de los vecinos, lugar de ferias, danzas y celebraciones, y hoy sigue latiendo con la vida cotidiana en sus bares y terrazas.

Sentarse aquí a media mañana o a media tarde, tomando un café, una cerveza o un pintxo, mientras suenan conversaciones en euskera y el repique de las campanas, es una experiencia auténtica que conecta con la esencia del pueblo.

Publicado en 2026, Cronología, Olite, Batzán, Viajes, Viajes por España | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Olite, Batzán 2026 (10)

Tras la visita a Estella volvíamos a Olite, pero la temprana hora abría muchas posibilidades. Una de ellas, visitar una ciudad que merece mucho la pena, pero que muchas veces acaba pasándose por alto: Tafalla. Eso sí, lo primero, con un calor que si no sofocante invitaba a descansar a la sombra, un refrescante y digestivo agua con gas en la Plaza de Cortes.

El Palacio de los Mencos constituye la residencia de una de las familias más influyentes de la ciudad desde el siglo XV. De hecho, algunos de sus miembros llegaron a ser ministros de España o gobernadores de la Florida.

Es un edificio de sillería con dos alturas y un ático, uno de los primeros en construirse fuera de las murallas de la ciudad. Está elevado sobre una pequeña colina, frente al lugar donde se levantaban las viejas murallas de la ciudad de Tafalla. En la actualidad, todavía pertenece a la familia.

Unido al Palacio de los Mencos por un arco está el Convento de las Recoletas, uno de los edificios más bonitos de Tafalla, y uno de los más reconocidos, donado por los Mencos. Su fachada es una de las más reconocibles de la ciudad. Dentro hubo un retablo flamenco que hoy se puede ver en la iglesia de San Pedro (si la encuentras abierta).

Dejamos atrás el convento y nos acercamos hasta uno de los rincones más idílicos de Tafalla, la calle Misericordia, una de las más antiguas y, probablemente, la más bonita de toda la ciudad al estar adoquinada y repleta de casitas de piedra con blasones. Su nombre viene de que hace varios siglos existía aquí un arca de la Misericordia, que ayudaba a los labradores pobres prestándoles grano.

Seguimos paseando por las callejitas viejas del casco antiguo hasta llegar a la Iglesia de Santa María. El actual templo se levantó entre los siglos XVI y XVII, aunque en origen (siglo XII) fue románico. Dentro destaca el retablo mayor, de finales del XVI e inspirado en la obra de Miguel Ángel. Además de la escultura del “Cristo de Miserere”, la sillería del coro y la escultura de San Sebastián, patrón de Tafalla. Lamentablemente, no suele estar abierta para visitas, tan solo media hora antes de las misas de los sábados y domingos y festivos.

La Iglesia de San Pedro es la iglesia más antigua de la ciudad, documentada, al menos, desde el siglo XI, aunque fue reformada posteriormente  en el siglo XVI, por lo que su campanario es más nuevo. Aquí se juraban los fueros desde el reinado de Sancho VI El Sabio. En su interior se guarda el retablo flamenco que antes estaba en el Convento de las Recoletas, que representa, entre otras, escenas como el nacimiento de Jesús y la adoración de los Reyes Magos (visitable también media hora antes de las misas, otra de las joyas escondidas de la ciudad que tendremos que contemplar en otro viaje a tierras navarras). El Palacio de los Mariscales, que hoy funciona como biblioteca, era la residencia de los mariscales del reino, la misma familia a la que pertenecía don Francisco de Navarra. Es uno de los mejores ejemplos de arquitectura civil renacentista en Navarra. De la fachada destaca su gran portada de medio punto.

Regresamos al lugar donde habíamos aparcado recorriendo la Plaza Francisco de Navarra, que es la Plaza Mayor de la ciudad. Aquí se encuentra el Ayuntamiento y la original fuente que es un símbolo de Tafalla desde 1845. Como curiosidad, estuvo cerrada durante décadas por sequías, lo que creó un dicho en la villa de Olite: “Fuente bonita la de Tafalla, fuente bonita pero sin agua”.

La plaza está dedicada a Don Francisco de Navarra, de la familia de los mariscales del reino, y que llegó a ser arzobispo de Valencia. Se construyó en el mismo lugar en el que, hasta el XIX, estuvo el Palacio Real de Tafalla, construido por Carlos III el Noble. Este palacio estaba considerado como uno de los más lujosos de Navarra y es de la misma época que el Palacio Real de Olite, pero igual que este, fue quemado durante la Guerra de Independencia Española. Mientras que del Palacio de Olite se conservaron algunas torres y parte de la muralla que permitieron su reconstrucción, en el caso del Palacio de Tafalla quedaron, tan solo, algunos restos arqueológicos.

Pasados algunos minutos de las cinco de la tarde finalizamos nuestra visita relámpago a Tafalla. Nos disponíamos a regresar a Olite para realizar algunas compras y pasear por sus calles por última vez, pero recordamos la recomendación de nuestra guía en la visita al Palacio Real de no dejar de visitar Ujué y su iglesia fortaleza.

Llegamos con el tiempo justo de aparcar en sus angostas callejuelas y ascender al santuario de Santa María de Ujué, edificado sobre una iglesia románica del siglo XI, habiéndose encontrado testimonio escrito del siglo X, sobre la existencia previa de un templo prerrománico en el mismo lugar. Fue Sancho Ramírez (1076- 1094), quien ordenó su construcción y dotó a la Villa de Fueros propios.

Carlos II el Malo, ordenó el derribo de parte de las naves para construir una amplia nave central gótica. Se conservó de la época románica la cabecera en tres tramos con triple ábside semicircular así como una torre adosada al muro sur. También ordenó el monarca la construcción de pasos de ronda que rodean la iglesia y torres almenadas que dan al conjunto un aspecto de fortificación.

En su fachada sur, el paso se transforma en una galería abierta que proporciona una amplia perspectiva sobre la ribera de Navarra.

Continuamos por el camino de ronda recorriendo el perímetro del templo, alcanzando los tres ábsides románicos. El central conserva interesantes arcos románicos, en tanto que en los laterales sobresalen columnas con extraños capiteles y ventanas con arcadas ciegas.

El templo posee una de las portadas góticas más ricamente decoradas de Navarra. Se aprecian relieves alusivos a la vendimia, animales, escenas de la vida de Jesús, una curiosa Ultima Cena con un gallo y en lo alto una estrella con los tres magos sonrientes y un cuarto personaje vestido de clérigo que es el rey Carlos II.

En el interior, un enrejado gótico separa la cabecera románica de la nave central, de estilo gótico.

En el ábside central, se conserva la imagen de Santa Maria de Ujué, un bello ejemplo de la imaginería del románico, datada en el año 1190 y que en el siglo XIV, Carlos II ordenó forrar de plata.

A su lado reposa el corazón de este monarca navarro por orden expresa que dejó escrita en su último testamento de 1385.

Fue un final perfecto para un día lleno de contrastes.

Publicado en 2026, Cronología, Olite, Batzán, Viajes, Viajes por España | Deja un comentario

Olite, Batzán 2026 (9)

Tras visitar el nacedero del Urederra pusimos rumbo a Estella-Lizarra, la estrella medieval del Camino, una ciudad representada en su escudo con una estrella de ocho puntas. Quién sabe si la misma estrella de la Vía Láctea que guiaba a los peregrinos en su caminar. Y es que palpas su ambiente jacobeo por todas partes; peregrinos, símbolos, puentes, iglesias y palacios por doquier. Quizás por eso la apoden «La Toledo del Norte». Además, su judería (fue la tercera en importancia después de las aljamas de Tudela y Pamplona), envuelve toda la ciudad. Por eso también forma parte de la Red de Juderías de España-Caminos de Sefarad.

Aparcamos junto a la plaza de toros y nos dirigimos al centro de la ciudad, alcanzando en pocos minutos la plaza de la Coronación, donde está el edificio de la estación, antaño estación de tren y hoy reconvertido en estación de autobuses. Cerca se encuentra el Parque de los Llanos, auténtico pulmón verde de la ciudad.

Cruzamos el río y, tras visitar la Oficina de Turismo, nos dirigimos a la Iglesia de San Pedro, pues estaba a punto de cerrar. Encaramada en un alto desde el que domina la ciudad, este templo nos recibe con un bello pórtico del siglo XIII, de arcos lobulados de influencia árabe y rica ornamentación, una imponente torre, y un interior que alberga entre otros, la capilla barroca de San Andrés, patrón de la ciudad, y un claustro del siglo XII, que está considerado uno de los conjuntos de mayor riqueza escultórica del románico navarro.

No se puede pasar por alto un capricho excepcional de una de las crujías de este claustro, que se repite en El Burgo de Osma y en Santo Domingo de Silos: las cuatro columnas torsas entrelazadas en las que se apoya la arquería central.

Al bajar de la iglesia accedimos al Palacio de los Reyes de Navarra, uno de los pocos ejemplos del románico civil de Navarra, declarado Monumento Nacional en 1931. Es del siglo XII y tiene una bella y armoniosa fachada, articulada en tres cuerpos; en el inferior presenta una galería de robustos arcos de medio punto, y en el superior, grandes ventanales, divididos por cuatro arquillos apoyados en finas columnas con capitel.

Se pueden contemplar, además, dos torreones, y en las columnas de los extremos dos capiteles historiados, uno de los cuales representa la lucha de Roldán y el gigante Ferragut. Tras la restauración realizada en 1975, el palacio se convirtió en sede del Museo del pintor Gustavo de Maeztu.

Recorrimos a continuación la calle Curtidores, en la que se ubican albergues y otros negocios que dan servicio a los peregrinos a cada lado de la calle. Aquí se encuentra también el Museo del Carlismo, un museo público, creado con rigor histórico, que hace un completo análisis de este movimiento.

Al final de la calle nos encontramos con el Puente de la Cárcel. Parece antiguo, pero fue construido en los años 70 tratando de conservar un poco del estilo del primer puente que hubo en ese lugar. Un puente románico que fue destruido por los liberales en 1873 en el marco de la Tercera Guerra Carlista.

A pesar de la hora, “ascendimos” a la Iglesia de San Miguel, ubicada en la margen izquierda del río Ega, en el barrio de San Miguel, lugar en el que convivieron francos y navarros, y que surgió en Estella-Lizarra en la segunda mitad del siglo XII. En estos días se preparaba para ser la sede de un evento cultural que nos impidió su visita.

Destaca su portada norte, con uno de los conjuntos escultóricos más representativos del románico tardío, en cuyo tímpano aparece el Cristo en Majestad, rodeado por los símbolos de los cuatro evangelistas, la Virgen y San Juan como intercesores en el momento del Juicio.

El aspecto exterior del edificio es grandioso; ofrece volúmenes contrapuestos, como los de la torre barroca situada en la cabecera y la mole pétrea de la torre medieval ubicada a los pies de la nave.

Paseamos con tranquilidad por la Calle Mayor, una calle animada con un gran número de tiendas, tan diversas como una de alimentación ecológica, varias tiendas de ropa, mercería, papelería,… A mitad de la calle a mano derecha hay un palacio barroco con unos balcones con forma de concha que no pasan desapercibidos.

Llegamos a la plaza de los Fueros, centro neurálgico de la localidad. La plaza está llena de bares con historia: el Florida (el elegido para la comida de ese día), el Monjardín, La Terraza, etc. Son de esos bares con aire antiguo en los que ves mayoritariamente personas de edad sentadas en la terraza y disfrutando con sosiego del café mientras se entretienen viendo a la gente pasar. En el centro destaca sobre el resto la Iglesia de San Juan Bautista una iglesia de piedra amarilla con tintes neoclásicos.

Al terminar la comida nos dirigimos a la plaza de toros para coger el coche y subir a la Basílica de Nuestra Señora del Puy. En 1085, en el lugar que ocupa la basílica tuvo la aparición de una imagen que recibió el nombre de Virgen del Puy. La basílica fue patronato real y lo conservaron los reyes de España hasta que en 1895, la reina regente renunció a él en beneficio del obispo de Pamplona.

El actual edificio sustituye a otro anterior construido con planta de cruz latina, con cabecera recta, a la que se añadía un pequeño camarín. La basílica que hoy contemplamos, inicia su construcción en 1929 bajo la dirección y proyecto del arquitecto Víctor Eusa. Posteriormente, en 1949, se produjo una remodelación del plano inicial por el mismo arquitecto, culminando la obra el año 1951.

El pórtico de entrada y el patio que le precede son del siglo XVIII. En un lado está la Sala de los Generales, porque en ella estuvieron los generales carlistas antes de ser fusilados por el también general carlista Maroto, en 1839. El edificio de formas neogóticas se alza sobre una planta en forma de estrella, evocando el origen de la aparición de la Virgen. Se trata de una imagen sedente, fechada en el último tercio del siglo XIII, realizada en madera y recubierta de plata.

Publicado en 2026, Cronología, Olite, Batzán, Viajes, Viajes por España | Deja un comentario

Olite, Batzán 2026 (8). Nacedero del Urederra

El tercer día nos llevó al Nacedero del Urederra, donde el agua turquesa y el bosque húmedo crean un paisaje casi mágico. Caminamos entre árboles altos, escuchando el sonido del agua y disfrutando de la luz filtrada entre las hojas. Cada poza parecía más bonita que la anterior, y cada tramo del sendero invitaba a detenerse.

El Nacedero del Urederra es la salida natural y mayoritaria del importante acuífero formado en el macizo kárstico de Urbasa. Se produce en la pared, casi cortada, del extremo noroeste del término de Baquedano, a unos seiscientos treinta metros de altitud frente a los más de novecientos que alcanza la cresta superior de dicha pared.

La evacuación del agua de Urbasa ha modelado, en el transcurso de millones de años, la muesca producida en el reborde meridional del macizo y que constituye un anfiteatro rocoso de notable belleza, el fondo rocoso sirve de marco a las impresionantes cascadas que, tras una accidentada caída de más de cien metros, dan vida al río Urederra (de ur: agua y eder: hermosa).

El Nacedero, llamado antiguamente Ubagoa o Ubaba (“boca del agua”), tiene un caudal de cuatro mil litros por segundo en promedio anual, aunque puede alcanzar los cincuenta mil litros, en momentos de fuertes lluvias, y reducirse a trescientos litros durante el estiaje.

La notoriedad del conjunto y la rica comunidad vegetal y animal del paraje justificaron su calificación como Reserva Naturla en 1987. Incluída en el Parque Natural de Urbasa y Andía, forma parte de la red de Espacios Protegidos de Navarra por la riqueza de sus valores medioambientales.

La vegetación dominante es un hayedo calcícola, acompañado por un espléndido bosque de ribera. La variedad arbórea y arbustiva, así como la diversidad de la forma, es muy destacable, pudiendo identificarse en un reducido espacio tilos, robles, serbales, arces, hayas, fresnos, olmos, temblones, sauces, avellanos, espinos, boj y enebros, entre otras especies.

Es destacable la comunidad de aves rupícolas, siendo fácilmente observables buitres, alimoches, halcones, cernícalos, chovas y vencejos. Abundan los paseriformes, como el mirlo acuático, los carboneros, herrerillos y pinzones. No faltan los mamíferos, como el gato montés, la garduña, el tejón o el jabalí.

Aunque la visita es gratuita, es obligatorio aparcar en un parking habilitado a tal efecto en la localidad de Baquedano, previa reserva en la web del paraje. Desayunamos de nuevo pronto y salvamos raudos y veloces la distancia que separa Olite de la pequeña localidad de Baquedano, perteneciente al municipio de Améscoa Baja, cerca de Estella. Fuimos de los primeros en llegar esa mañana. Eso sí, nos sorprenderíamos al finalizar la ruta y contemplar que el parking estaba a rebosar. Tras calzarnos las botas y preparar la mochila, salimos del parking por la zona opuesta a la entrada, atravesando la bonita localidad de Baquedano mientras seguíamos unas flechas pintadas en el suelo de las calles por las que pasamos, que facilitaron el inicio de la ruta tras haber intentado comenzarla por donde no era.

Salimos de la zona urbana y acometemos un ancho carril por el que también volveríamos, transitando por un camino hasta llegar a un portón donde el carril se bifurca. A la izquierda, el camino de ida, a la derecha, el camino por donde volveremos.

Llevábamos ya cerca de un kilómetro andado, y dentro de otro finalizaría el carril por el que nos adentrábamos en el nacedero, llegando a una caseta donde comienza realmente el sendero dentro del bosque de ribera. A continuación, una pronunciada bajada, la mayor de todo el recorrido.

Oíamos ya el rumor del agua. En menos de trescientos metros alcanzamos la primera poza, de un color turquesa intensísimo y de una claridad y limpieza impresionantes. Esta poza, como la mayoría de las otras, está acompañada de su correspondiente cascadita o chorrera que le aporta el agua.

Es maravilloso contemplar cómo el río se pinta de azul turquesa. Es imposible no preguntarse el por qué. La luz y el techo del río juegan con el agua para pintarla de distintos tonos de azul y convertirla en el “agua hermosa” (Urederra) que da nombre al río.

Varios elementos cooperan para que el río se pinte de azules: agua caprichosa que solo refleja una parte de la luz que recibe, distintas profundidades del cauce, presencia de algas y musgos, partículas suspendidas en el agua y un lecho tapizado de carbonato blanquecino que realza los colores.

Hasta la hora del día y la época del año participan también en las distintas tonalidades.

De aquí en adelante seguimos recorriendo la ribera izquierda del río por un sendero bien señalizado por el que no dejábamos de contemplar el juego del agua y escuchar al río.

El camino va ascendiendo y las pozas y cascadas de agua turquesa se van sucediendo, una tras otra, para poder verlas desde varias perspectivas se han acondicionado varias pasarelas de madera, puentes y escaleras para poder acceder a numerosos miradores desde donde se puede admirar este lugar mágico.

Continuamos recorriendo la ribera en sentido ascendente hasta que y nos encontramos con una señal que nos impedía proseguir el camino. Lamentablemente no se puede llegar hasta el último tramo, el Balcón de Pilatos o Mirador de Urbaba, un impresionante anfiteatro kárstico donde realmente nace el río Urederra formando una cascada de más de cien metros de altura. El acceso a este lugar se cerró en primavera de 2019 con la finalidad de preservar y proteger el medio natural y las diferentes especies de fauna y flora de la zona ya que debido a la gran afluencia de turistas se había deteriorado notablemente.

Tras unos minutos de descanso volvimos sobre nuestros pasos y al llegar a una bifurcación tomamos el carril de la izquierda, ya que a la derecha implicaría volver a entrar en la zona de la reserva que ya habíamos visitado. El camino que recorremos atraviesa el magnífico robledal de Baquedano. Lo disfrutamos con tranquilidad, durante unos dos kilómetros, con alguna pequeña bajada y subida hasta que llegamos de nuevo a la cancela y continuamos por el camino común de ida y vuelta. No perdimos la ocasión, alguna, para tomar de postre del almuerzo alguna que otra zarzamora o similar. Atravesamos de nuevo las calles de Baquedano y volvimos al aparcamiento, aprovechando sus instalaciones para cambiarnos de ropa de cara a las visitas que nos quedaban por hacer ese día. Después nos dirigimos a Estella, donde comimos y paseamos por su casco histórico, lleno de vida y de historia. Más tarde visitamos Tafalla, con su ambiente de ciudad viva, y terminamos el día en Ujué, donde la Iglesia Fortaleza se alza como una guardiana del paisaje. Pero esa será ya otra historia.

Publicado en 2026, Cronología, Olite, Batzán, Senderismo, Viajes, Viajes por España | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Olite, Batzán 2026 (7)

Más tarde llegamos al Monasterio de Leyre, donde la serenidad se siente incluso antes de entrar. A las siete asistimos al rito de Vísperas, cantado en gregoriano por los monjes. Las voces llenaron la iglesia con una música que parecía venir de otro tiempo, y durante esos minutos el mundo exterior desapareció. Salimos al atardecer, con el cielo teñido de tonos suaves y el corazón lleno de calma.

En Leyre asistimos al nacimiento de la arquitectura románica monumental, a los primeros vagidos de un arte que se haría único en Europa durante dos siglos. La ausencia de referencias constructivas con otros lugares, o la exclusiva decoración de los capiteles, regalan a este monasterio un espacio reservado solo para él en la Historia.

En el corazón de la Sierra de Leyre una roca destaca sobre las demás, la de su monasterio. La montaña enmarcada por el pico Arangoiti anima a descubrir esa roca entre las rocas que dejan apreciar los bosques de encinas, robles, pinares, fresnos, arces, abetos, encinares, hayas, avellanos… Un paraíso natural alrededor de su piedra dorada y ardiente más emblemática, la del cenobio nacido en la noche de los tiempos, conjunto heterogéneo de Historia y Arte de épocas y estilos ensamblados en perfecta armonía, fiel reflejo de las personalidades artísticas que recorren el arte navarro de los siglos IX al XVII.

El conjunto arquitectónico de Leyre lo conforman tres espacios diferenciados en el tiempo, que conviven hermanados unitariamente. Hacia el sur, mirando al pantano, se encuentra el monasterio nuevo (siglos XVI-XVII). En el centro se erige la iglesia abacial (siglos XI-XVI), y, apuntando hacia el norte, a la sierra rocosa, el monasterio viejo (siglo XI), que en su tiempo también guardó el llamado palacio real, destinado a las frecuentes estancias de los monarcas navarros.

Leyre destaca por su arquitectura, y dentro de ella una de sus joyas es la Cripta, íntimamente relacionada con el estilo prerrománico, aunque su construcción se date a comienzos del siglo XI, cuando el rey Sancho III el Mayor decidiera levantar una iglesia acorde con el “centro y corazón” de su Reyno tras los destrozos de Almanzor en el siglo X.

La ampliación de la iglesia monástica precisó de un presbiterio nuevo unido a los muros de la anterior iglesia prerrománica. Para elevar esta cabecera a su misma altura, se construyó primero la cripta que la cimentará a continuación.

La cripta igualó el terreno del triple ábside al de la iglesia prerrománica. Sobre la marcha, la escasa altura que tendría la cripta planteó problemas arquitectónicos para sustentar el peso del presbiterio. El más llamativo, la división en dos de la nave central, que dio origen a cuatro naves, cada una con su ventana, apreciables en los cuatro vanos exteriores situados en la parte baja del triple ábside.

En el conjunto monumental de Leyre, un pasillo, un túnel y una sacristía han desafiado y vencido al paso de los mil años. Al fondo de este pasillo abovedado con medio cañón, construido con aparato de sillería, se puede ver un túnel, el túnel de San Virila, con una figura del santo al fondo. Se trata de un túnel que atraviesa subterráneamente la nave la iglesia, y que originalmente acabaría en dependencias anexas, caso de la hospedería de peregrinos.

Encima del pasillo encontramos la sacristía medieval, que comunicaba el monasterio antiguo con la cabecera de la iglesia. La estancia sirve hoy de capilla de la hospedería, y en ella todavía encontramos el armariolum para guardar los libros litúrgicos y el aguamanil originales.

La fachada principal de la iglesia enseña otro de los grandes tesoros de Leyre, la puerta Speciosa, compendio completo de la escultura e imagenería románicas, tanto por su iconografía como por la forma de hacer del artista. El tímpano, que parece por su estilo más antiguo por la severidad de los rostros y geometrismo de las vestimentas, contrasta con el delicado cincel del resto de la portada. El conjunto escultórico, perteneciente a la ampliación inaugurada en 1098, parece datable en el primer tercio del siglo XII.

Al igual que, arquitectónicamente Leyre es una pieza única al inicio del Camino de Santiago que culmina en la catedral compostelana, la porta Speciosa es el primer gran conjunto escultórico que, tras pasar por Estella, Carrión o San Isidoro conduce al Pórtico de la Gloria. Influyó mucho en la época como puede apreciarse en la cripta de Sos o en los restos de la catedral románica de Pamplona. Hay autoridades que aseguran en la ejecución de la Puerta Speciosa la presencia del maestro Esteban, escultor que participó en la construcción de la catedral de Santiago. Su estilo se identifica en los capiteles de las seis columnas y el del parteluz de la puerta.

La cabecera interior de la iglesia nos enseña una avanzada técnica de construcción a base de potentes muros levantados con enormes sillares lisos. El conjunto se levanta sobre la cripta que iguala así la altura del firme de presbiterio y nave. La parte central de la cabecera y las laterales quedan separadas por las arquerías y pilares, adosados o exentos, que sostienen las bóvedas de cañón rematadas en cuartos de esfera.

El primitivismo y contundencia constructiva delatan a un arquitecto, el mismo de la cripta, de formación limitada y notable originalidad, atrevido y capaz, seguro de sus soluciones constructivas. En la cabecera, como en toda la parte inicial de Leyre, la inaugurada en 1057, aunque aquí más por su vistosidad, encontramos el mismo vacío cronológico y estilístico que convierten en única a la fábrica legerense. Se erige por sí misma y en sí misma. Ha conocido algunos modelos en Francia, en el Poitou, pero se hace a sí misma, fruto de un artista autodidacta.

El primitivismo resulta apreciable en cada piedra, pilar, sus columnas adosadas sin basa, y muy especialmente en los capiteles y el cimacio, cuerpo rectangular donde apoya el arco. Son veintiocho los capiteles, unos más alargados y proporcionados que los de la cripta y otros más cortos. Las decoraciones de los capiteles, posiblemente del mismo autor que la arquitectura, repiten el esquema de la cripta de bulbos con volutas y estrías, como si de un esquemático capitel corintio se tratase, además del repertorio figurativo, vegetal y geométrico.

La iglesia de Leyre alberga el panteón de los Reyes de Navarra, situado en un arcosolio cerrado con una reja del siglo XV. Los restos se guardan en una arqueta de roble y herrajes neogóticos. Florencio Ansoleaga fue el autor de este panteón que quiso honrar la Historia del monasterio y de Navarra.

Leyre es el primer panteón real de Navarra, así erigido por la dinastía fundadora del Reyno, la Arista, en el siglo IX (Jimeno Iñiguez ‘El Fuerte’, Iñigo Arista, García Iñiguez y Fortún Garcés). En cambio, pudo haber un paréntesis al iniciarse la casa Jimena, o quizás no, ya que Sancho Garcés I y su hijo García Sánchez I pudieron enterrarse, o no, en Monjardín. Lo hicieron sus sucesores Sancho Garcés II y García Sánchez I, al igual que reinas e infantes caso de Ramiro Garcés, orlado rex como todos los hijos de reyes en la monarquía pamplonesa.

Sancho III el Mayor, el gran mecenas de Leyre, eligió enterrarse en San Salvador de Oña, monasterio que reformó con monjes legerenses. Su hijo García el de Nájera optó por su fundación en Santa María de Nájera, aunque sí parece probable que Sancho el de Peñalén prefiriera Leyre, que cedió el testigo como panteón real a San Juan de la Peña, Huesca, Pamplona, Roncesvalles, Saint Denis, Ujué, Santa María de Nieva, Poblet y Lescar. Ya en el siglo XVI, los últimos monarcas de Navarra, Catalina de Foix y su marido Juan III, volvieron a Leyre para inhumar a sus hijos Andrés Febo y Martín. Los padres no pudieron gozar de tal suerte.

En Leyre, la liturgia monacal se celebra prioritariamente en canto gregoriano, cuyas melodías se remontan al siglo VIII. El Oficio es la oración de Cristo que se prolonga en la comunidad monástica. Nos introduce en el diálogo de Cristo con el Padre en el Espíritu, y de Cristo con su Esposa, la Iglesia. Un diálogo que resuena en cada salmo y en cada texto que integra el Oficio divino. Así, el Misterio pascual, celebrado en la Eucaristía, se irradia a lo largo toda la jornada, santificando y transfigurando el día y la noche.

Las Vigilias se rezan antes del amanecer: tienen carácter de Oficio nocturno, pausado y meditativo. Los Laudes se cantan al alba. Nos invitan a alabar a Dios y a santificar la jornada. Las Horas de Tercia a media mañana, de Sexta al mediodía, y de Nona a media tarde acompañan los tiempos de trabajo. El canto de Vísperas se eleva como sacrificio vespertino en acción de gracias. Las Completas, de noche, clausuran la jornada y terminan con el canto de la Salve, poniendo a los fieles bajo el amparo de la Virgen María.

La santa liturgia debe celebrarse con puro y humilde corazón y con el mayor decoro y solemnidad posible. La belleza de la liturgia es expresión la grandeza, sabiduría y bondad de Dios, un asomarse del Cielo sobre la tierra. En nuestro monasterio de Leyre conservamos vivo el tradicional canto gregoriano, porque “es parte integrante de una liturgia solemne” (Vaticano II). En efecto, el gregoriano está lleno de inspiración artística y de unción religiosa. Heredero del canto de las primeras comunidades cristianas, el canto gregoriano se irá convirtiendo a partir del siglo VIII en la expresión musical de la fe cristiana en Occidente y el más logrado comentario musical a la Palabra de Dios. Dado su interés cultural, también ha sido declarado patrimonio de la humanidad.

Publicado en 2026, Cronología, Olite, Batzán, Viajes, Viajes por España | Etiquetado | Deja un comentario

Olite, Batzán 2026 (6)

Al finalizar la comida regresamos a Javier, con tiempo de sobra para visitar la Basílica y la Iglesia en honor a la Anunciación de nuestra Señora.

En el lugar que los padres de San Francisco Javier construyeron el llamado Palacio Nuevo, para las habitaciones de la familia, con el tiempo se construyó una pequeña Iglesia como memoria de que allí había nacido el santo. La Duquesa de Villahermosa, descendiente de la familia de Javier, encargó al arquitecto Ángel Goicoechea la construcción de una nueva Basílica entre 1896 y 1901, más acorde con el esplendor que pretendía para la zona. En su pavimento se señalan los muros del Palacio Nuevo y se ha colocado una placa recordando el lugar del nacimiento de Francisco.

La portada, de estilo neo-románico, contiene en el tímpano los nombres de los distintos lugares de Europa, África y Asia que recorrió Francisco. En los capiteles se han tallado diversas escenas que ilustran la vida del santo.

En el altar mayor resalta la gran imagen de San Francisco Javier de J. Suñol, flanqueada por doce santos jesuitas (a su derecha: Francisco de Borja, Pedro Claver, Francisco Regis, Francisco de Jerónimo, Pablo Miki y el beato Ignacio Acebedo; a su izquierda: Luis Gonzaga, Juan Berchmans, Estanislao de Kostka, Alonso Rodríguez, Juan de Goto y Diego Kisay). Sobre varias puertas se encuentran pinturas italianas obra de Caparoni.

A la salida nos dirigimos a la Iglesia en honor a la Anunciación de nuestra Señora, lugar en el que fue bautizado San Francisco Javier. La iglesia, tal y como está ahora, se recuperó en 1702 según el gusto barroco. Anteriores, de 1674 son los retablos laterales del Sagrado Corazón y de la Virgen aprendiendo a leer con sus padres. Por las mismas fechas se pudo esculpir el Crucificado que se sitúa sobre el sepulcro de doña Violante, tía materna del santo.

En el retablo central, realizado a mediados del siglo XVIII, destacan los tres lienzos principales que representan a la Anunciación, San Ignacio redactando las Constituciones de la Compañía de Jesús y San Francisco Javier, de interesante factura barroca.

Santa María de Javier preside el Altar Mayor. Se trata de una talla de madera policromada pertenece a la segunda mitad del siglo XIII.

Lo que empezó siendo una torre defensiva y de vigilancia entre los reinos de Navarra y Aragón fue ampliándose con diversos recintos y murallas. Además de la familia propietaria, en su interior vivían bastantes jornaleros, hombres de campo, con sus familias. La demolición de las zonas defensivas (torres, matacanes, etc.) facilitó que el conjunto se habilitara más bien como refugio de los hombres y mujeres que trabajaban en él. A finales del siglo XIX, la Duquesa de Villahermosa y Condesa de Javier decidió restaurarlo, devolviéndole su esplendor. Para ello, restauró el interior, remodelando una zona como habitación de los Padres Jesuitas, y construyó unas casas rodeando la entrada del Castillo (la actual plaza), una de las cuales usó para su familia.

Varios trabajos conducidos por José María Recondo y José Luis Alberdi, con la supervisión del arquitecto D. Valentín Gamazo, restauraron la Torre del Homenaje y otros puntos concretos del mismo, al quedar libres las estancias que ocupaban los jesuitas y poderse dedicar todo el castillo a las visitas de turistas y peregrinos.

En 1995, ante la inminencia de la celebración del quinto centenario del nacimiento de San Francisco, se encargó al arquitecto D. Antón López de Aberásturi la restauración del castillo con criterios modernos y conjugando la realidad histórica del castillo y el hecho de haber sido la cuna de San Francisco, santo de fama universal.

El puente levadizo da acceso a la puerta principal, protegida por un matacán y coronada por los escudos familiares: un conjunto grabado con las armas de los Jasso y Azpilcueta, que flanquean a dos ángeles tenantes que sostienen el escudo del señorío de Javier.

José Luis López Furió y Josep Blasco i Canet construyeron en 1967 las doce esculturas que resumen los momentos más significativos de la vida de S. Francisco. Se visitan al descender al sótano del Castillo.

Las antiguas caballerizas del Castillo distribuidas en tres pisos contienen objetos de arte, esquemas, planos y documentos, junto con una maqueta a escala del castillo, cálices, cuadros y grabados.

Pasando al cuerpo central del castillo se accede a la Sala Grande ante la cual es fácil imaginar la vida familiar de los señores del Castillo. Esta sala era el comedor, la cocina, el hogar y el salón donde tenían lugar largas veladas y confidencias familiares.

Encima de la sala grande hay actualmente un Oratorio de factura moderna, pero reflejando la construcción antigua, que ofrece al visitante acceso visual a la Capilla del Cristo, lo que permite a los grupos un uso religioso del lugar.

Bajando por la escalera del cojo, se entra en el recinto más antiguo del castillo formado por la base de la Torre del Homenaje, la Capilla de San Miguel, patrono del Castillo, y la llamada habitación del Santo, donde vivió San Francisco desde joven hasta que en 1525 salió hacia la universidad de París.

La Capilla del Cristo es el mayor tesoro del castillo. Ocupa la denominada torre del Cristo, un espacio reducido usado originalmente por la familia como lugar de culto y oración. Las paredes están decoradas por unos importantes frescos del siglo XV, únicos en España, que representan la Danza de la Muerte. Preside la estancia un Cristo sonriente, tallado en madera de nogal, probablemente del S. XV (aunque algunos lo pensaron anterior). La tradición confiesa que sudó sangre el día que murió Francisco frente a las costas de China.

Por unas escaleras antiguas, desgastadas, se llega al patio de armas en el que se conserva el aljibe para abastecer de agua el Castillo, así como un pequeño espacio que servía de cárcel. Al llegar al lugar de entrada resulta fácil imaginar que el acceso original era de dirección contraria: de la entrada se accedía, a través del patio de armas, a las escaleras del Cristo y a la sala grande, núcleo del castillo, que ahora se visitan al final.

Publicado en 2026, Cronología, Olite, Batzán, Viajes, Viajes por España | Deja un comentario